Publicidad:
La Coctelera

Lo sé, soy rara

Breves vivencias de una friki y alocada chica

Categoría: narraciones

24 Diciembre 2006

Mi existencia

Lo mío no es el romanticismo... No podemos basar nuestra vida en alguien a la que realmente no estamos unidos, una persona que realmente no conocemos, pero el amor a veces es bonito, te hace despertar cosas que ya no recordabas y te hace sufrir como antes no lo hacías.


El mes pasado me regaló una flor en una pequeña macetita, un tulipán. Exactamente el día en que hacía un año justo que nos conocimos. Un tulipán, no sé que sentido tendría eso, pero me gustó mucho. Él siempre estaba cerca de mí apoyándome y animándome en todo.

Tenía el pelo castaño y un poco largo, los ojos marrones, una nariz un poco grande con el tabique más bien ancho y los labios finos. Mucho más alto que yo, y delgado.

Recuerdo el día en que nos conocimos porque fue en una fiesta que celebró una amiga que teníamos en común. Lo pasé estupendamente. Era ya muy tarde y volvía a salir el sol cuando se me acercó, después de observarme unas cuatro horas. Me comentó que la gente iba marchando del lugar, y así, empezamos a hablar. Le dije cosas que nunca antes había dicho, describí momentos, sentimientos y lugares que antes creía no poder explicar a nadie. Él me hablo con gestos, miradas, suspiros y palabras.

Una semana después, sintiéndome vacía, hueca, desértica, inhabitada, despoblada, sintiéndome otra persona que no era yo, cuando mis esperanzas de volver a verlo marcharon para siempre, lo encontré. Iba por la calle sujetando una docena de bolsas distraída y mirando al suelo, luego hacia delante, las bolsas, al suelo, delante, las bolsas, el suelo… choqué con él, o él se puso en mi camino. “Perdón, perdón” fueron mis palabras “andaba distraída”. “Tranquila, te ayudo” yo le miré, era él, en ese momento e cogió una de las bolsas que llevaba en la mano, así por primera vez, nuestras pieles se rozaron. Mil cohetes estaban listos para ser lanzados, mientras campos y campos de girasoles mostraban por primera vez sus pipas hacia el sol, una tempestad hacía en mi interior un gran estrépito, y cantando alegre, un pájaro volaba. Estas y más sensaciones recorrieron todo mi cuerpo en un segundo o dos, el tiempo que duró el roce.

Un mes después, creo recordar, después de vernos diariamente, me besó. En realidad no recuerdo mucho. No sé de qué estábamos hablando, ni qué hora era, tampoco recuerdo sus gestos, ni el movimiento de su pelo. Recuerdo su mirada, y que me cogió la mano, y que me acarició las mejillas, se acercó a mí, y me besó. Ese momento fue aún mejor que el roce de nuestras manos. Duró mucho más, sentí su piel, su boca, su aliento, sus manos, su olor. Sentí lo que él sentía, y sentí que él sentía lo que yo sentía. Fue un momento como esos en los que las tortugas recién nacidas corren hacía el mar, dejando atrás una playa y algo que una vez fue un huevo. Lo que siente un atleta después de correr tres horas, sudando, deshidratado, llegar a la línea de meta el primero y llorar de felicidad. Encontrar un tesoro de tu infancia enviado por un desconocido. Vital, animada, existente, palpitante. Volvía a ser yo, una yo muy diferente, completa por fin. Cambiando mí forma de amar, de amarlo.

Tags: narracion, amor

servido por eikiko 3 comentarios compártelo

22 Diciembre 2006

Como el viento

A veces me dan ganas de ésto, lo escribí hace un tiempo:

Cogí la chaqueta y me fui. Enfadada. Enfadada con la vida, enfadada con el mundo, enfadada con el silencio, enfadada con mis pies, enfadada por toda la alegría, enfadada con los caprichos, enfadada con mis guantes desgastados, enfadada con el dinero, enfadada con el aire que respiro, con el aire que expulso, enfadada con el espejo, enfadada con el armario, enfadada. ¡Enfadada!

Me fui. ¿Me fui? ¿Dónde? Marché en busca de algún lugar desconocido, buscando algo inexplicable. Sin rumbo, sin reloj, sin bufanda, sin móvil, sin aliento, sin tristeza, sin lágrimas, sin libros, sin papeles, sin recuerdos. Me fui. Caminando a paso corto, pensando, desgraciada, tranquila, decidida, dudando… No sabía bien cómo me sentía, ni a quién acudiría. Estaba enfadada por todo y con nadie. Odiaba volver a ese lugar al que me siento atada, encadenada, en el que me mareo y en el que soy esclava. Tenía sueño pero aún así, sin dinero recorrí media ciudad. Buscaba a alguien que sintiéndose como yo, trabajador de un universo en cadena, bajo leyes absurdas e inamovibles, también hubiera dejado todo atrás para marchar a ningún lado, al bar de la esquina, al continente de al lado.

Bambas de las que duran y transpiran en los pies, con unos calcetines que conjuntaban con mi ropa interior. Unos pantalones con campana que no dejaban ver el calzado, ceñidos a la cintura puede que para, pasar menos frío. Unas camisetas, jerséis y suéteres, y una chaqueta grande, para disimular los pantalones ceñidos. Con guantes. Aún así tenía frío, pero intentaba ir lo más rápida posible a cualquier lugar dónde encontrar calor. Sin gorro ni bufanda, el viento pasaba por cada cabello, notaba como se separaban para dejar pasar el viento, el viento que llegaba a mis orejas y a mi nariz, poniéndolas rojas y frías.

Sí, como el viento me deslicé por toda la ciudad, acompañada por lo que quedaba de mi sombra y un perro que un acto de buena fe, le regalé una manzana que llevaba encima. Así descubrimos lugares indescriptibles de la ciudad asfaltada, mientras nuestros párpados caían poco a poco sobre los ojos y nuestros músculos se iban relajando, nuestra respiración se hacía más lenta y pausada. Pero seguía teniendo frío. Incluso notaba la velocidad de mis latidos, al descompas de mi respirar.

Mi sombra nos abandonó bajo las luces de emergencias de algunas discotecas y bajo la luz de la luna. El perro y yo, nos vimos sin ninguna razón cuando parecía que volvía a amanecer, delante de una portería. Pero no era una portería cualquiera, era la portería de la casa de la que yo era esclava. En otro acto de buena fe, entré. Subí las escaleras, entré en el piso, y sigilosamente como el viento, otra vez recorrí media casa con el perro detrás de mí hasta llegar a mi habitación. Allí me estiré en la cama y dormí, con la ropa puesta, la nariz y las orejas rojas y heladas; con el perro.

servido por eikiko 2 comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de eikiko

Lo sé, soy rara

Barcelona, España
ver perfil »
contacto »
Eikiko Plum || Barcelona || I'm 15 || ♀ || || ☺ || ♪ || Extrovertida, pero tímida según con quien. Amable, pero a la vez egoísta. Perfeccionista y poco conformista. Modesta y a veces egocéntrica. Simpática y alegre. Divertida. Dicen que tengo imaginación(creo que mucha). Cariñosa. Alocada. Friki, y con orgullo. Y yo diría más adjetivos para una persona como yo.

Imagenes

www.flickr.com
www.flickr.com

My pet


adopt your own virtual pet!

Déu Vos Guard!


Fotos

eikiko plum todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera